Bolivia atraviesa una nueva escalada de tensión social con más de 20 bloqueos de rutas y manifestaciones que ya llevan tres semanas. Las protestas, encabezadas por organizaciones campesinas, sectores sindicales y seguidores de Evo Morales.

Las movilizaciones se concentran principalmente en el departamento de La Paz, donde organizaciones como la Federación Túpac Katari, la Central Obrera Boliviana (COB) y los Ponchos Rojos mantienen cortes de rutas y protestas permanentes. A esto se suma la llegada de una marcha de sectores afines a Evo Morales que partió desde Caracollo y avanzó hacia la sede de Gobierno.

En las últimas jornadas se registraron enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Hubo lanzamiento de piedras, petardos y dinamita por parte de grupos movilizados, mientras la Policía respondió con gases lacrimógenos para impedir el ingreso a la Plaza Murillo, donde se encuentran la Casa de Gobierno y el Parlamento. También se denunciaron saqueos, ataques a edificios públicos y daños en estaciones del teleférico de La Paz.

El Gobierno de Rodrigo Paz denunció un supuesto intento de desestabilización impulsado por sectores ligados al expresidente Evo Morales y aseguró que detrás de algunas protestas existiría financiamiento del narcotráfico. Además, desplegó operativos militares y policiales para habilitar “corredores humanitarios” destinados al traslado de alimentos, combustible y medicamentos hacia las zonas afectadas por los bloqueos.

Mientras tanto, algunos sectores como mineros, maestros y la Central Obrera Regional (COR) de El Alto alcanzaron acuerdos con el Ejecutivo y suspendieron sus medidas de presión. Sin embargo, organizaciones campesinas y movimientos sociales mantienen las protestas y exigen cambios políticos profundos. En este contexto, el vicepresidente Edmand Lara pidió abrir un diálogo nacional “serio, amplio y sin condiciones” para evitar una mayor crisis institucional y social.

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