La economía de Bolivia entró oficialmente en recesión tras registrar una contracción acumulada de 1,58% en 2025, según datos del Instituto Nacional de Estadística. La caída se produce en un contexto marcado por escasez de divisas, inflación y tensiones sociales.

En el cuarto trimestre, el Producto Interno Bruto se redujo un 1,14%, confirmando una desaceleración progresiva. Los sectores más afectados fueron la construcción, con una fuerte caída, junto al comercio, transporte y servicios, reflejando un enfriamiento generalizado de la economía.

A nivel anual, la construcción lideró las pérdidas, seguida por la actividad extractiva y el sector financiero. Este comportamiento evidencia que los motores tradicionales de crecimiento del país están perdiendo dinamismo de forma simultánea, en medio de restricciones fiscales y menor acceso a financiamiento.

Analistas advierten que el sector público, históricamente clave para sostener la economía, comienza a mostrar un aporte negativo. Además, el área de hidrocarburos enfrenta problemas estructurales de producción e inversión, lo que limita su capacidad para estabilizar el crecimiento.

Las perspectivas para 2026 tampoco son alentadoras. Factores como el encarecimiento de los combustibles, el impacto externo y los ajustes fiscales necesarios podrían profundizar la caída económica, con proyecciones que anticipan una contracción aún mayor en el corto plazo.

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