Los electores que no expresan públicamente su preferencia podrían influir decisivamente en el escenario electoral polarizado y competitivo. Aunque las encuestas muestran liderazgo de Samuel Doria Medina, la reserva silenciosa de votos para el MAS genera incertidumbre sobre el resultado final.
El llamado «voto oculto» del Movimiento al Socialismo (MAS) se perfila como un factor determinante en las próximas elecciones presidenciales. Se trata de un segmento de electores que, por diversas razones, no manifiestan abiertamente su respaldo al partido, pero que podrían inclinar la balanza en las urnas. En un escenario polarizado y competitivo, este voto silencioso añade una cuota de incertidumbre al proceso electoral.
Aunque las encuestas colocan a Samuel Doria Medina como favorito en la recta final de la campaña, analistas advierten que el MAS conserva una base sólida de apoyo, especialmente en sectores populares y rurales. Sin embargo, el desgaste del partido y el temor al rechazo social han llevado a muchos de sus simpatizantes a no declarar su preferencia, lo que podría estar distorsionando las mediciones previas.
Este fenómeno obliga a los candidatos a no confiarse en las cifras y a redoblar esfuerzos hasta el último momento. La presencia del voto oculto recuerda que, en Bolivia, los resultados electorales pueden dar sorpresas, y que la verdadera encuesta será la que se exprese en las urnas el 17 de agosto.





