En su último discurso oficial, el presidente evitó referirse a la crisis institucional y defendió su modelo económico como legado de su gestión.
En la sesión de honor por el Bicentenario realizada en la Casa de la Libertad de Sucre, el presidente Luis Arce ofreció un discurso centrado en la defensa del modelo económico del Movimiento Al Socialismo (MAS), reivindicó la industrialización con sustitución de importaciones y afirmó que el proceso de cambio “sigue vigente”. A menos de tres meses de dejar el poder, no hizo autocrítica ni mencionó las tensiones internas de su partido, las denuncias de corrupción ni la crisis del sistema judicial.
Arce destacó la inversión pública, el control estatal de los recursos naturales y la nacionalización como pilares de su gestión. Evitó referirse al déficit fiscal, la caída de las reservas internacionales, la escasez de combustible y dólares, así como al impacto de los subsidios a los hidrocarburos. No aludió a las protestas sociales ni a la violencia reciente en el Trópico de Cochabamba, bastión del dirigente cocalero Evo Morales. Tampoco mencionó el acto paralelo del Órgano Judicial, que exigió independencia y mayor presupuesto a pocos metros de la ceremonia central.
El mandatario hizo un repaso histórico con un fuerte contenido ideológico, criticando el colonialismo, las potencias extranjeras y el modelo liberal. Reivindicó las luchas sociales del siglo XXI como el origen del MAS, pero omitió los conflictos internos y el desgaste de su propio gobierno. Con la presencia de su gabinete, movimientos afines y delegaciones internacionales —incluida la presidenta de Honduras—, cerró su intervención agradeciendo al pueblo y reafirmando el rumbo iniciado en 2006, sin proyecciones concretas para el futuro inmediato.





